Una pincelada del Decamerón

Decamerón fue escrito por Boccaccio en el mismo período en que tuvo lugar la peste negra en Italia, la cual azotó a Europa entre los años 1347 y 1352. Sus protagonistas son siete mujeres y tres hombres, aristócratas y jóvenes, quienes, huyendo de la ciudad de Florencia para evitar el contagio, se desplazan hacia las afueras, y se refugian en lujosas viviendas abandonadas, donde matan el tiempo contando historias durante diez días. Los cuentos fueron inspirados en la vida medieval florentina, y están salpicados de humor, erotismo, traición, fantasía; en general son muy entretenidos. He aquí uno que me llamó mucho la atención por su gran dosis de ingenio.

Piccarda era una viuda muy joven y hermosa, quien vivía con sus dos hermanos menores en una casa muy modesta cerca de Fiésole. En ese lugar había una iglesia a la que la señora acudía con frecuencia. Sucedió entonces que el sacerdote se enamoró perdidamente de ella. Unos días después, con el mayor descaro y sin vergüenza, la abordó y le confesó su deseo de acostarse con ella. Él era un hombre viejo, altanero y petulante, que pensaba que todo el mundo debía ceder a sus caprichos. Ella quedó muy sorprendida por todo esto y, con mucho respeto, se negó rotundamente a complacerlo.

Sin embargo, el cura no se dio por vencido y continuó insistiendo en su propósito. Cada vez que la veía en la iglesia, la presionaba con el tema. También le escribió varias cartas y a todo momento, le enviaba recados. La situación llegó a tal punto, que la señora se vio en la necesidad de buscar la forma de quitárselo de encima, pues el acoso era insoportable. Entonces tuvo una idea genial. Antes de ejecutarla, les contó a sus hermanos lo que estaba ocurriendo y lo que pretendía hacer. Ellos guardaron la calma y le brindaron su apoyo para llevar a cabo el plan.

Pocos días después, Piccarda fue a la iglesia, y como de costumbre, el sacerdote, confiado, entabló conversación con ella. Piccarda, haciendo una semejanza con lo que sucedía en las batallas y asedios, le dijo que había decidido aceptar su propuesta. Él, muy emocionado, le preguntó dónde y cuándo podrían encontrarse. Ella le propuso que fuera en su casa, pero bajo ciertas condiciones.

Se encontrarían en su alcoba, en completo silencio y total oscuridad, porque sus dos hermanos dormían en el cuarto de al lado, y cualquier palabra o ruido los delataría. Además, le hizo prometer que no contaría esta aventura a nadie. Este sería su gran secreto: él no puso ningún reparo. Después de escuchar todo lo anterior, el cura quedó más alborotado que nunca, y por eso, antes de que se fuera, le preguntó si era posible que su encuentro se diera esa misma noche. Ella aceptó, y le dio las indicaciones para llegar a la casa y ubicar su alcoba.

La viuda tenía una criada que no era muy joven y además era fea. Tenía la nariz aplastada, la boca torcida, y dientes grandes y disparejos. El color de su rostro era muy pálido, casi lívido. Como si fuera poco, era coja, manca del lado derecho y muy maliciosa. Se llamaba Ciuta, pero en el pueblo todo el mundo la conocía como Cituazza. Cuando la señora llegó a casa, la llamó y le dijo que necesitaba un favor. La recompensa sería una camisa nueva. Al escuchar lo de la camisa, comentó que, si era preciso, se lanzaría al fuego. Entonces su patrona le indicó que aquella noche debía acostarse con un hombre en su cama, acariciarlo  y hacer cuanto quisiera; pero que no podía hacer ruido ni decir una sola palabra, porque como era sabido, sus hermanos dormían al lado. Ella aceptó encantada.

Al caer la noche el sacerdote llegó y, según lo indicado, se dirigió a la alcoba de la señora. En el cuarto de al lado se encontraban sus hermanos, quienes según lo planeado, estaban haciendo bastante ruido. A esa hora y en total oscuridad se encontraba Cituazza en la cama, esperando a su amante. El cura, a tientas, llegó hasta la cama y se acostó. Sin pensarlo dos veces comenzó a besarla, creyendo que tenía a la hermosa viuda a su lado y pudo pudo dar rienda suelta a toda su pasión.

Unos minutos más tarde, la señora dijo a sus hermanos que continuaran con el plan. Salieron sigilosamente rumbo al pueblo. Al llegar a la plaza, tuvieron la fortuna de encontrarse con el obispo, quien precisamente iba a visitar a la viuda. Al llegar a la casa se sentaron en el patio y le ofrecieron unas copas de un buen vino. Era lo acostumbrado, para refrescarse del intenso calor.

Poco después, uno de los jóvenes le dijo que quería mostrarle algo. Dejaron sus copas y se levantaron de las sillas. Quien hizo la invitación llevaba una antorcha que iluminaba el camino a los demás. Al entrar a la alcoba, observaron al sacerdote en brazos de Cituazza; a pesar del calor, ambos dormían. Fue entonces cuando se despertó. Avergonzado al ver al obispo, metió su cabeza debajo de las sábanas. El jerarca, muy ofendido, lo insultó a gritos y lo obligó a mostrar la cara. Justo en ese instante, al ver el rostro de Cituazza, se dió cuenta del engaño al que había sido sometido. Se vistió rápidamente y abandonó la casa.

Cuando preguntó por qué el cura se encontraba ahí, los hermanos le contaron con lujo de detalles todo lo que había ocurrido. El obispo alabó muchísimo el ingenio de la señora, y también la templanza de los jóvenes, quienes, sin atentar contra su vida, le dieron su merecido. Por el pecado cometido, el obispo le impuso una penitencia que le hizo llorar cuarenta días. Pero por el amor y la vergüenza que sentía, el autor dice que lloró cuarenta y nueve días, pero quizás, pudo haber llorado varios meses, pues no podía andar por la calle, sin ser señalado por los muchachitos que le decían, "mira al que se acuesta con Cituazza". Estuvo a punto de enloquecerse. Así pues, Piccarda se quitó de encima al fastidioso sacerdote... y Cituazza ganó su camisa nueva.

FUENTES Y REFERENCIAS

Decamerón de Giovanni Bocaccio (1351). De acceso libre en internet.

CdL. Continuidad de los libros. El Decamerón y el optimismo en pandemia. 2020. [En línea]. Última consulta 11/07/2024. Disponible en: http://continuidaddeloslibros.com/decameron-optimismo-pandemia/


Comentarios

  1. Que historia más entretenida Juanca, me tuvo hasta el párrafo final en suspenso!! Me gustó muchísimo, además de aprender muchas cosas que no conocía.
    No dejen de leerla está buenísima!!

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  2. Juanca gracias por este espacio tan extraordinario, es una delicia poder leerte, espero que continúes cultivando este ejercicio, éxitos.

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  3. Cómo siempre Juan, que delicia de postre literario. Muchas gracias.

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  4. Juan Carlos, una vez más disfrutando tus escritos. Gracias por compartir y sigue cautivando el hábito de “Leeer y Escribir”

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