Gatos, de dioses egipcios a superestrellas de Netflix

Dasha, la superestrella de The Savitsky Cats

Hoy en día, el rey de las redes sociales sin lugar a duda es el gato. En muy pocas horas, miles de videos que muestran a estos enigmáticos animales haciendo de las suyas se convierten en virales. De hecho, muchas personas buscan en internet este tipo de videos para desestresarse; está comprobado el efecto sanador que tienen. Es una maravilla. Tuve oportunidad de ver el documental de Netflix, En la mente de un gato, y quedé asombrado con el espectáculo de un grupo de gatas entrenadas, Asia, Chupa, Dasha y Eddy, conocidas como The Savitsky Cats, resultado de muchos años de trabajo de un dúo familiar de entrenadoras originarias de Ucrania, liderado por la madre, Svitlana, y su hija Marina Savitska.

La superestrella es Dasha, la cual hace un truco impresionante: desafía la gravedad girando su cuerpo por debajo de un tubo horizontal, avanzando suspendida en el vacío. Engancha una pata tras otra con mucha clase al estilo militar. Sus compañeras se atraviesan en zigzag en medio de las piernas de su entrenadora a medida que camina a grandes pasos. También brincan alternadamente una sobre otra mientras se desplazan lentamente. Entre otros trucos más, son capaces de empujar con su cabeza pelotas un poco más grandes que su tamaño.

Otro momento del espectáculo muy aplaudido es cuando las entrenadoras colocan un tubo horizontal que tiene varios tubos cortos verticales como una hilera de postes; sobre ellos hay otra barra horizontal. Para cruzarlo, los felinos serpenteaan su cuerpo de izquierda a derecha de forma muy fluida; pero la que deja al público completamente atónito y se roba todos los aplausos es Eddy, que rompe todas las reglas: ¡cruza la barrera de obstáculos hacia atrás!

Diosa Bastet
Mundo Antiguo, dioses y mascotas

En Egipto los apreciaban tanto, que cuando se incendiaba una casa, la gente se preocupaba primero en rescatar a sus gatos y luego apagaba el fuego. Todo esto tenía razón de ser: el gato estaba estrechamente vinculado a la diosa Bastet, que regía el hogar, la familia, las mujeres y los secretos femeninos. Esta diosa tan popular prometía prosperidad a hombres y mujeres, y aunque al principio fue una feroz deidad con cabeza de leona, hacia el primer milenio a.C. pasó a ser representada por una dócil gata negra sentada.

Los egipcios prohibían su exportación. Tenían un grupo de hombres dedicados a revisar los cargamentos de barcos para asegurar que no llevaban ninguno de ellos escondido. El castigo por sacar un gato era la muerte. Pero de alguna forma violaron la ley, y el gato se embarcó y terminó instalándose en Grecia, Roma y el norte de Europa. Seguramente los culpables de este contrabando fueron los fenicios, expertos comerciantes de la época. En estos territorios los querían como mascotas y apreciaban por su valor en el control de plagas.

Edad Media, hechicería y oscuridad

Pero al llegar la Edad Media, la vida del venerado felino del antiguo Egipto cambió radicalmente, debido a que la iglesia medieval lo asoció con los demonios, la brujería y la oscuridad. Se convirtió entonces en el gato de los hechiceros.

En aquella época, existían mujeres muy sabias, conocedoras de la naturaleza, las plantas y otros temas. Ellas tenían claro que limpiar sus casas era saludable para sus vidas, por eso con frecuencia usaban sus escobas para este propósito y dejaban a los gatos que se encargaran de los ratones. Pero llegó un momento en que la Iglesia empezó a considerarlas peligrosas y comenzó a perseguirlas a ellas y a sus estimados peludos.

Esto ocurrió porque, en 1230 un fanático inquisidor alemán llamado Conrado de Marburgo envió al papa Gregorio IX unos informes donde le contaba que había descubierto una secta que realizaba una serie de ritos satánicos, en los que eran usados gatos negros. La respuesta del papa fue emitir una Bula condenando estos actos heréticos, pero en ningún momento, dio la orden de matar a los gatos. Un poco después todo se malinterpretó: en estos tiempos de tanta superstición, los gatos terminaron siendo vistos como instrumentos de Satanás, ligados a la brujería y a la oscuridad. Comenzó así la histeria colectiva sobre los felinos. Los persiguieron, los torturaron y los mataron casi hasta exterminarlos en toda Europa. Por eso, cuando apareció la Peste Negra –que era transmitida por roedores, específicamente por las pulgas que habitaban en su pelaje—, al existir muy pocos gatos la epidemia se expandió casi sin control.

Manuscrito de los archivos de Dubrovnik

Guardianes de las bibliotecas y favoritos de la reina Victoria

Por suerte, en aquellos tiempos oscuros, los monjes, depositarios del conocimiento y fabricantes de vinos y cerveza los acogieron en su abadías para el control de las plagas. Antes que apareciera la imprenta los libros eran rollos de pergamino, un producto muy apetecido por los ratones, motivo por el cual los monjes tuvieron a los gatos como guardianes de sus famosas bibliotecas. Prueba de ello es un manuscrito del siglo XV que forma parte de los archivos de Dubrovnik, donde se aprecian las marcas en tinta de las patas de un gato. Seguramente el escriba responsable de este texto debió enojarse muchísimmo. Quizás ocurrió durante una noche muy fría de invierno, en la que fue a buscar alguna bebida para calentarse. También existe otro caso, en una abadía de Deventer, en la que un gato orinó un libro que un monje había estado trabajando y lo dejó abierto la noche anterior. Esto sucedió hacia el año 1420.

En 1822 se logró descifrar el contenido de la Piedra Rosetta. Los diversos jeroglíficos contaron al mundo detalles sobre la cultura egipcia. Esto incluyó, por supuesto, la historia de la diosa Bastet y el amor de los egipcios por los gatos. La reina Victoria de Inglaterra se contagió de la Egiptomanía. Su gran interés la llevó a adoptar dos gatos persas azules, y poco después alcanzó la fama de criadora de gatos de exhibición. Entonces, si a la reina del país más poderoso de la tierra le gustaban los gatos, su influencia no se hizo esperar y el resto de la sociedad mundial empezó a quererlos también. Esta fue la vuelta de tuerca para que el gato volviera a ocupar su antiguo lugar en medio de los humanos.

Garfield: el gato que rompió el molde

El siglo XX trajo un nuevo prejuicio social especialmente en el mundo occidental. A diferencia de los perros, que siempre estuvieron asociados a la masculinidad, la caza y la protección, los gatos estaban encasillados en lo femenino, el hogar y la delicadeza.

Durante décadas estuvo muy presente el estereotipo social de que los mininos eran mascotas exclusivas para mujeres, para "solteronas". Si un hombre que vivía solo decidía tener un gato como compañía, era visto como sospechoso. Tener un gato no era masculino; finalmente terminaba siendo tildado de gay.

Entonces todo cambió el 19 de junio de 1978, cuando el dibujante norteamericano publicó su nueva caricatura, Garfield, la cual lo catapultó a la fama mundial. Se trata de Jon, un hombre que vive solo. Su compañía es un gato, Garfield, y un perro, Oddie. Este es un gato gordo, perezoso, gruñón, anaranjado y atigrado que le encanta la lasaña y odia los lunes. La relación de Jon con su gato es completamente caótica; y Oddie siempre está bajo una dominación muy grande por parte del felino. Muchos hombres alrededor del mundo se sintieron identificados con la caricatura. El impacto de Garfield en la cultura popular hizo algo maravilloso en la psicología masculina: normalizó y volvió cool que los hombres vivieran con gatos. El viejo prejuicio se derrumbó; tener un gato ya no cuestionaba la masculinidad de nadie, sino que se convirtió en un símbolo de felicidad compartida.

FUENTES Y REFERENCIAS


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