La impresionante historia de Kimani Nganga Moruge


A finales del año 2000, Jane Obinchu, con apenas 22 años de edad, una maestra recién titulada y perteneciente a la tribu Gussi en Kenia, fue nombrada por el Ministerio de Educación, como directora de una escuela en una remota villa cerca de la ciudad de Eldoret. Una zona muy deprimida del país y poblada principalmente por la tribu Massai. En este mismo año, ella había contraído matrimonio con David Obinchu, un joven abogado de Nairobi, quien trabajaba con organizaciones internacionales para el desarrollo. Dadas estas circunstancias, tuvieron que pasar un buen tiempo separados.

En el año 2003, el gobierno decretó la educación gratis para todos sus ciudadanos. Una medida de gran impacto social que ya era realidad varias décadas antes en diversos lugares del mundo. Unas semanas después, la gente se volcó a la escuela a inscribir a sus hijos. Aunque en el fondo no era totalmente gratuita. Estas familias de campesinos muy pobres y pastores de rebaños, debían ingeniárselas para comprar uniformes, cuadernos y lápices para sus niños. Cuando inició el período escolar en el 2004, había 207 niños aglomerados en la escuela, la cual solo disponía de tres salones con capacidad para 50 alumnos cada uno. Una construcción muy humilde de madera y con techo de asbesto. Sus edades oscilaban entre los cinco y los veintiún años.

Y fue entonces cuando Jane recibió una visita muy conmovedora. Se trataba de Kimani Nganga Maruge, quien, en lugar de uniforme, se presentó con una frazada de lana cruda, un calzón de manta y unas sandalias a prueba del tiempo. Cojeaba al caminar. Exigía su derecho a aprender a leer y a escribir. Tenía 84 años de edad. Con voz parsimoniosa repetía una y otra vez, "quiero aprender a leer y a escribir, el gobierno dice que todos tenemos derecho". Ella no podía creer lo que estaba viendo. Estaba impactada por la petición del anciano, pero la realidad es que le faltaba espacio para muchos niños, a raíz del tremendo ajetreo generado por la nueva ley. Con mucha dulzura le pidió que regresara a su casa. Aquella era una escuela para menores. Si quería estudiar, tendría que asistir a una escuela para adultos en Eldoret, que quedaba a una hora de camino. Esa noche, a través del teléfono y con lágrimas en los ojos, le contó a David lo ocurrido. Él le dio mucho ánimo. También le dijo que se preocupara por conseguir más pupitres para sus alumnos y que no se involucrara en batallas que no podía ganar.

Maruge pertenecía a la etnia Kikuyo, que entre 1952 y 1959, había luchado en contra del Imperio británico, en un intento de independencia que se conoce como la Rebelión del Mau Mau. Este movimiento generó mucha violencia y muchos muertos en Kenia. A la edad de 31 años, sometido a brutales torturas le mutilaron tres dedos de un pie y le dañaron completamente un oído. Su primera esposa también fue asesinada frente a sus ojos. Era un héroe anónimo, a quien su país nunca le había reconocido nada.

Pocos días después, apareció en la escuela de nuevo. Esta vez traía puesto un uniforme con suéter azul, una camisa blanca y unos pantalones cortos. Él mismo lo había confeccionado con ropa usada que consiguió en trueque por una cabra. Traía también unas zapatillas deportivas y unas medias de colores que le llegaban hasta las rodillas. Bajo el brazo un par de cuadernos, y en sus manos, unos lápices nuevos. Cuando se encontraba frente a Jane, le dijo, "déjeme aprender, trabajaré muy duro, no le voy a fallar". Entonces ella tomó la decisión que le cambiaría la vida de Maruge, la de ella misma, y sin lugar a dudas, la de su propio país, lo aceptó como estudiante.

En el salón de clases, cuando ella les pidió a sus alumnos que le abrieran un espacio en la parte de atrás, él le solicitó que lo dejara ubicarse muy cerca del pizarrón, pues tenía la vista cansada y ya no escuchaba muy bien por el oído que le había quedado bueno. La mayor motivación para aprender era poder leer la Biblia, tal y como se lo manifestó en alguna oportunidad a su maestra.

Maruge en el salón de clases
El abuelo fue muy bien recibido por los alumnos y los profesores. Mostró gran voluntad en aprender y todos estaban muy emocionados con su presencia. Cuando hacían las clases de educación física, seguía la pelota y trataba de golpearla con su bastón. Era muy popular. Durante las pausas para el té, Kimani y Jane se convirtieron en grandes amigos. Sus mejores recuerdos de él, eran cuando intentaba pronunciar las sílabas. También las clases de canto, pues cantaba y repetía todo lo que los chicos realizaban. 
Un día el sueño de Maruge se hizo realidad. Se encontraba con Jane y los otros profesores. Alguien le había regalado una Biblia, la abrió y empezó a leer un pasaje. Era Juan 3,16. El versículo que habla de Dios enviando a su hijo para salvar al hombre de sus pecados. Todos quedaron muy conmovidos y lloraron de la emoción.

Pero como en la vida no todo es color de rosa, no demoraron en aparecer las espinas en el camino. A mucha gente no le gustó que él estuviera ahí. Decían que estaba loco. El inspector de la villa tampoco estuvo de acuerdo. Con mucha rabia intentó obligar a Jane para que cambiara su decisión. Muy desanimada viajó 300 km hasta Nairobi, para acudir al Ministerio de Educación y pedir su apoyo. David, su esposo, le ayudó a conseguir una cita con un alto funcionario, a quien le expuso las razones por las cuales lo había aceptado. Pero las cosas no salieron como ella esperaba. La respuesta fue que no había excepciones de ninguna clase, pues otros podrían solicitar lo mismo, y esto afectaría el endeble sistema educativo naciente. A pesar de esto, ella no se dejó amilanar. Decidió que no podía regresar derrotada y simplemente decirle a Maruge que se marchara. Entonces se le ocurrió convertirlo en su asistente de clase. Contra esto no existía ningún impedimento legal, y a estas alturas, él había mostrado un excelente trato con los niños.

La historia de Maruge pronto fue conocida por la prensa nacional y luego alcanzó divulgación internacional. El New York Times y la BBC de Londres, entre otros, contaron lo que estaba ocurriendo. Entonces el gobierno de Kenia aprovechó la situación para impulsar su política educativa, usando la imagen del anciano en grandes anuncios en diversas ciudades como propaganda a favor del mismo Estado. Periodistas y cámaras de televisión de diversos medios, se encontraban a las afueras de la escuela. Jane y otros profesores daban algunas declaraciones muy débiles que luego alcanzaban gran divulgación.

La gente de la región se llenó de mucha envidia. Con todo ese reconocimiento mediático que habían alcanzado, pensaban que Jane y Maruge se estaban llenando los bolsillos con grandes cantidades de dinero, y exigían su repartición. En un lugar con tanta miseria como este, un chisme de esta naturaleza muy pronto llegó a oídos de todos sus habitantes, despertando en la gente ambiciones insospechadas. Jane comenzó a recibir llamadas anónimas con amenazas, al igual que su esposo David. En otra ocasión, un grupo de campesinos enardecidos lanzaron piedras a la escuela, y al tiempo insultos de toda índole. Jane y Maruge protegieron a los niños. Luego de un rato regresó la calma. Nadie resultó herido.

Como consecuencia de las intrigas del inspector, un tiempo después, le dieron la noticia a Jane que sería trasladada a otra escuela. Era eso o renunciar. En consulta telefónica con David, decidieron que era mejor aceptar. Sabían que contaban con el apoyo de la opinión pública nacional e internacional. Antes de irse pasó por la choza de Maruge para despedirse. Durante varias semanas la escuela no tuvo directora. El día que nombraron una nueva en su reemplazo, al momento de ingresar, se encontraron con una gran sorpresa. Los estudiantes le habían echado candado a la puerta y gritaban con mucho entusiasmo, "queremos de regreso a Jane", "Jane, Jane, Jane".

Maruge no se enteró de esta manifestación, porque ese día iba de camino a Nairobi. Fue directo a la oficina del Ministro de Educación, a quien interrumpió en una reunión, para pedirle la restitución de Jane a la escuela, lo cual finalmente se logró. Ella aprovechando que se había convertido en una celebridad nacional, pudo obtener apoyo de diversas organizaciones para mejorar los recursos de la escuela. Uniformes, alimentación, fondos para pagar los tratamientos médicos de los niños, entre otros. David por su lado, se dedicó a realizar contactos con organizaciones internacionales, en apoyo a los derechos de las mujeres, la educación y los derechos humanos en su país.

De tal manera que, en 2005, llevaron a la maestra y su pupilo a Nueva York para entregar un mensaje a las Naciones Unidas. Era la primera vez que él se subía a un avión. Jane recuerda que le preguntó por el baño. No podía entender cómo había un baño en un avión. En Nueva York Maruge cruzó Times Square en un icónico bus escolar amarillo como el de las películas. En la calle saludó con la mano a un policía montado. Unos minutos antes de su discurso, soltó un montón de globos y luego habló ante la ONU. "Espero que todo el mundo reciba el mensaje y los que no han podido ir a la escuela puedan hacerlo". Más adelante agregó, "queremos que todos los niños del mundo reciban educación, eso es lo que realmente anhelo ver".

Maruge quedó registrado en el libro Guinness Records, como el alumno de mayor edad en empezar la escuela primaria. No logró terminarla, pero cumplió su sueño. Murió de cáncer a los 89 años en 2009. Vivió en Nairobi sus últimos años protegido por el gobierno. Su historia inspiró a muchas personas en todo el mundo. Para aquellos que piensan que están muy viejos para adquirir nuevos conocimientos, miren su ejemplo. La mente es un libro abierto sin límites. Con buena actitud puedes lograr lo que te propongas. Puedes capacitarte y aprender un nuevo idioma, un oficio o lo que sea que te llame la atención. En mi caso, a los 56 años aprendí a usar medios digitales para dictar clases. Estudié inglés. También hice cursos de cocina con el SENA. Aprendí mucho. Al final del día, nunca es tarde para aprender.

FUENTES Y REFERENCIAS


Comentarios

  1. que buena historia, conmovedora e inspiradora

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  2. Genial la emoción que se siente con los gritos de , queremos a Jane. Y sí el sui generid uniforme que sava las íngles. Abrazo
    Abrazo Juan Carlod, arr Julián

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  3. Gracias, historias que inspiran muy bien documentado

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  4. Juan, esta historia nos llena el corazón de esperanza y nos permite reafirmar “nunca es tarde para aprender” felicitaciones y gracias.
    Hortensia

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