El sorprendente viaje del cadáver de Gardel


Después de convertirse en una celebridad internacional, Carlos Gardel llegó a Colombia a principios de junio de 1935. Venía cansado de una gira muy intensa por Puerto Rico, Aruba, Curaçao y Venezuela, en la que había realizado más de sesenta conciertos, que iniciaron en el mes de abril de este año. Se presentó con gran éxito en Barranquilla, Cartagena, Medellín y Bogotá. En cada una de estas ciudades, la acogida del público fue impresionante. La gente quería tocarlo, abrazarlo y besarlo. Era la locura total. A él no le preocupaba. En su niñez y adolescencia había conocido la pobreza, por lo cual, conocía muy bien el sentir del pueblo. La policía siempre estuvo atenta a brindarle la protección necesaria.

El 24 de junio de 1935, Gardel y su equipo, abordaron un avión en Bogotá rumbo a Cali, donde cinco mil personas, quienes ya habían pagado ansiosas su entrada, lo esperaban esa noche en el Teatro Jorge Isaacs. Haría dos presentaciones en esta ciudad, y luego se despedería de Colombia. Después viajaría a Panamá y Cuba, donde terminaría su gira por Latinoamérica. El avión piloteado por el norteamericano Stanley Harvey era un trimotor de la empresa SACO. Cuando ya se encontraba por encima de las nubes, comenzó a sacudirse por causa de las turbulencias. Entonces Harvey decidió descender en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera de Medellín, donde haría una parada técnica. Después de una hora, durante la cual tomaron algunos refrigerios, él y sus músicos, que más que músicos eran sus amigos, abordaron de nuevo el avión y reiniciaron su viaje. Ahora el piloto era Ernesto Samper Mendoza, propietario de la aerolínea. El carreteo fue extraño y muy ruidoso. De repente la nave se desvió de la pista central y tomó un carril lateral, de tal manera que, terminó embistiendo a otra aeronave de la empresa SCADTA, la cual esperaba su turno para despegar. Se produjo una violenta explosión. Ambos aparatos se incendiaron. Esta fue la trágica muerte del "Rey del Tango" y de quince personas más.

A Gardel lo enterraron al otro día en el cementerio San Pedro de Medellín. En la publicación del año 2005 del periódico La Patria de Manizales, Francisco Echavarría, uno de los sepultureros, cuenta que lo ubicaron en la parte norte del cementerio, donde, "había muchísima gente que mientras lloraba, cantaba..." Unos días después, Armando Defino, amigo de Carlos Gardel, y quien además era su representante y albacea, inició el trámite legal para sacar el ataúd del cementerio y llevar a cabo la repatriación del cuerpo. El proceso se demoró alrededor de seis meses.

De acuerdo con la edición digital de la BBC de 2015, al final de la tarde del 19 de diciembre de 1935, se inició la exhumación de los restos. El cadáver se hallaba en una caja metálica muy artística, que había sido pagada por la gobernación de Antioquia. Al retirar la tapa, los obreros encontraron dentro de la caja otra envoltura metálica, de tal manera que no estaba a la vista. Por respeto a su memoria, dadas las condiciones de calcinamiento en las que debió quedar, seguramente lo enterraron así, para evitar el morbo de los curiosos que nunca faltan. Fue introducido dentro de una nueva caja de zinc y finalmente en otra de madera. La diligencia terminó cerca de la medianoche. De inmediato se realizó su traslado hacia la estación de ferrocarril, para esperar la partida del primer tren de la mañana.

Al día siguiente salió en tren desde Medellín, pasó por Amagá y llegó hasta La Pintada. En La Pintada, el cortejo fúnebre hizo trasbordo a unas berlinas que lo llevaron hasta la localidad de Valparaíso. Las berlinas eran unas busetas pequeñas y rústicas donde transportaban carga y pasajeros.

Iglesia de San Sebastian en Riosucio, Caldas

En Valparaíso comenzó la parte más compleja del recorrido. Por falta de carretera, los veinte baúles, tres cajas con sombreros y los restos de Gardel, fueron cargados a lomo de mula, para transitar por los caminos de herradura de las montañas de esta región. Así llegó a Caramanta el 20 de diciembre. Más adelante, pasó por Marmato, Riosucio y Supía, en el departamento de Caldas. En Riosucio, sus restos fueron velados en la vivienda que está enseguida del templo de San Sebastián. Ahí hay una placa donde se registra lo ocurrido. La casa es inmensa. Ocupa el resto de la cuadra, tal y como se puede apreciar en la imagen anterior. La flecha indica la ubicación de la placa. Las fotografías me las obsequió el Dr. Nelson Florez Grisales. La casa debe tener alrededor de ciento cincuenta años, pues la iglesia fue construida en 1867, y poco después, edificaron residencias a su alrededor. En ella se hospedó la delegación que llevaba el cadáver rumbo a Buenaventura.


En Supía hicieron otra escala. Aquí las autoridades y el pueblo en general, le rindieron homenaje. Así fue como Riosucio y Supía entraron a formar parte de su épica despedida. El viaje entre Supía y Pereira lo hicieron en una berlina. En Pereira abordaron un tren que los llevó hasta Buenaventura. El cadáver de "El zorzal criollo" llegó al puerto vallecaucano el 29 de diciembre de 1935, donde fue embarcado en el vapor Santa Mónica con rumbo a Panamá. Allí cambió de embarcación al Santa Rita. En esta atravesó el canal y llegó a Nueva York el 7 de enero de 1936. En la ciudad estadounidense fue velado un poco más de una semana. El 17 de enero, partió en otro vapor que lo llevó a Buenos Aires, haciendo escalas en Rio de Janeiro y Montevideo. Casi dos meses después de haber salido de Medellín, llegó a la capital argentina el 5 de febrero de 1936, donde lo esperaba una multitud de alrededor de 40.000 personas.

La operación de bajar el féretro de la embarcación se realizó de foma lenta, en medio de un silencio impactante y el sollozo de muchísimas de las personas que lo esperaban. El ataúd se hallaba recubierto por el poncho que usaba Gardel para sus viajes, y el cual tenía grabado su nombre en uno de sus extremos. La carroza fúnebre fue llevada hacia el estadio Luna Park. Las multitudes en las calles lloraban y cantaban sus canciones más conocidas. Ahí pasó la noche. 

Si tuviese que elegir uno de sus tangos, para describir lo que sucedió al final de ese día, podría decir con inmenso respeto, que esa noche quizás, bajo el burlón mirar de las estrellas, sin indiferencia y con inmenso dolor lo vieron volver. Sintieron que es un soplo la vida.

Al dia siguiente, el 6 de febrero de 1936, lo llevaron al cementerio de La Chacarita, donde fue enterrado en el Panteón de los Artistas.

FUENTES Y REFERENCIAS



Comentarios

  1. Qué magnífica narración sobre el traslado de los restos de Carlos Gardel. La elocuencia del texto y la precisión de los datos permiten revivir la emoción de aquel momento histórico. Cada detalle está perfectamente hilado, brindando no solo información, sino también una profunda sensibilidad hacia la figura del Zorzal Criollo. Un homenaje digno de su legado.”

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  2. Genial al detalle como nunca lo habíamos leído gracias te felicito!!

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  3. Excelente narración como siempre lo sabes hacer Juanca, la verdad que están llenas de tanto realismo, que parece que estuviésemos viviendo ese momento.
    Gran historia te felicito y me gustó muchísimo

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  4. Bien escrito y sobretodo muy bien documentado gracias y felicitaciones por tan excelente pluma.

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  5. Juan, felicitaciones! es un resumen muy bien logrado del paseo del cadaver de Gardel, gracias x compartirnos esta hermosa e interesante historia. Hortensia

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  6. Excelente escrito, la odisea del traslado de los restos nos ilustra esa Colombia rural y subdesarrollada, me imagine los arrieros con mulas cargadas de féretros, y la gente orando en cada vereda y paso. Gracias Juan.

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