Arepa: la palabra que nació del maíz, del fuego y del asombro


En una fresca mañana de noviembre de 1543, sobre una polvorienta calle sin nombre de la isla La Española, a un viajero florentino la boca se le hizo agua, al percibir el aroma que surgía de unas brasas, en cuyo alrededor había varias piedras, y encima de ellas algo redondo y grande. Una tortera de barro endurecido al fuego, sobre la cual, una indígena taína asaba un pan redondo de un dedo de grueso, y que antes de ponerlo, le había untado grasa para que no se pegara. Al detenerse observó cómo la volteaba por ambos lados, hasta quedar bien asado y muy provocativo. Justo en ese momento, alguien desde una choza cercana la llamó Yara. En lengua taína era un nombre sagrado, significaba "madre tierra, la guardiana del fuego, del maíz y del tiempo". Entonces el europeo le preguntó: 

       Yara, ¿qué nombre tiene esto que huele tan bueno?

       Arepa - le respondió la hermosa indígena, quien irradiaba una energía muy especial.

Sin mayor comentario, le pasó la que estaba sobre la brasa para que la probara. Por la expresión de su rostro puede entenderse la gran satisfacción que sintió al comer por primera vez esta delicia ancestral.

El viajero se llamaba Galeotto Cey, un noble y comerciante italiano, que nació en Florencia en 1513, quien, a pesar de estar emparentado con las familias más poderosas de Florencia, los Médici y los Strozzi, dueños de inmensas fortunas, no gozó de la riqueza de sus parientes. Si recibió una ilustrada educación propia de su condición social: aprendió latín, poseía muy buena caligrafía, adquirió conocimientos financieros y fue un buen lector de la literatura de su tiempo. Hacia el final de su adolescencia, su vida estuvo marcada por el infortunio, por lo cual optó por el exilio.

Entre 1539 y 1553, realizó un viaje al Nuevo Mundo, en el cual conoció de primera mano, los territorios de la isla La Española (República Dominicana), el Nombre de Dios (Panamá), Venezuela y El Nuevo Reino de Granada. Tres años después de regresar a Europa, comenzó a escribir un libro que duró varios años en terminarlo. Acudiendo a su prodigiosa memoria, relató todos los viajes y aventuras que experimentó durante los catorce años que demoró su travesía a lo largo de lo que después el mundo conocería como América. En las páginas originales de su manuscrito, se lamenta por no haber podido llevar un diario o una bitácora de viaje, debido a las grandes dificultades para contar con papel y tinta en aquellos territorios tan inhóspitos.

A propósito de su paso por Venezuela, Galeotto recuerda que el nombre proviene de una anécdota curiosa que ocurrió en 1499. Unos europeos entre los que se encontraba Américo Vespucio y Alonso de Ojeda, al llegar al lago de Maracaibo, vieron unas casas indígenas construidas sobre pilotes de madera que estaban por encima del agua (palafitos). Esta imagen les recordó a Venecia, la tierra natal de Vespucio, y le dieron por nombre Venezuela, aludiendo a un diminutivo de la ciudad italiana. Nombrar lo nuevo con palabras del Viejo Mundo fue una costumbre frecuente, pero lo que el florentino vio en cada lugar que visitó, no fue una copia de Europa, sino algo nuevo, exuberante de vida, de magia y hasta de locura.

Aunque la escena con la que comienza este relato podría pertenecer a una leyenda, en realidad es fruto de mi acalorada imaginación. Sin embargo, la descripción que Galeotto hace en su libro, encontrándose eso sí en la isla La Española, que él llama todo el tiempo con el nombre de "isla de Santo Domingo", corresponde al primer registro histórico de la palabra "arepa" (en el original Areppas), que aparecerá reseñada después por el cronista jesuita José de Acosta en 1590. He aquí el pasaje en el cual describe este acontecimiento.

"Hacen otra suerte de pan a modo de tortillas, de un dedo de grueso redondas y grandes como un plato a la francesa, o poco más o menos, y las ponen a cocer en una tortera sobre el fuego, untándola con grasa para que no se peguen, volteándolas hasta que estén cocidas por ambos lados, y a esta clase llaman arepas".

En varias páginas cuenta sobre la siembra y la cosecha del maíz, el cual era originario de "la provincia de Yucatán" (México), de donde lo habían traído a "la isla de Santo Domingo", y, además, la forma como, una vez desgranado, lo dejaban en remojo en agua desde el día anterior. Al día siguiente, lo molían entre dos piedras curvas, usando agua también, proceso que era desarrollado por las mujeres nativas.

Al no tener ningún vínculo con la Casa Real Española, ni con ninguna dependencia directa o indirecta del Imperio Español, su lenguaje es muy franco, sencillo. Narra con total desparpajo todo lo que va viendo y aprendiendo a lo largo de su recorrido. A los españoles los tilda de mentirosos, pues inventaban toda clase de historias para la Corona, con el propósito de lograr nombramientos, enriquecerse de forma indebida, y luego acceder a cuotas de poder igualmente ilegítimo. Esto se evidencia en lo que relata sobre Fray Bartolomé de las Casas.

Cuando estudiaba historia con mis compañeros en el colegio, nos enseñaron que fue el salvador de los indígenas, que, gracias a sus crónicas y cartas, el rey de España se había enterado de la forma tan inhumana como eran tratados por los conquistadores, y con base a esto se lograron cambios muy significativos a favor de los nativos americanos. Según lo que se puede leer hoy en día en Wikipedia, por esta noble causa, después fue nombrado "el primer protector de los indios". Esa es la historia oficial que aprendimos.

De acuerdo con el relato de Galeotto, lo que sucedió fue que, estando Bartolomé en Guatemala, les pidió dinero a los conquistadores para ir a Roma y comprar un obispado, lo cual era algo común en esa época. Ellos se negaron a su solicitud. Entonces el fraile puso en conocimiento al rey sobre los maltratos y humillaciones a los que eran sometidos los indígenas en el Nuevo Mundo. Pero la información fue entregada bajo una serie de intrigas, "elaboradas con filigrana" por el sacerdote, de tal manera que tiempo después, logró un obispado en Chiapas, y, además, buena parte del oro, la plata y otras riquezas de Indias, fueron entregadas a él, convirtiéndolo en un hombre muy adinerado. Esta corrupción nunca fue informada ni investigada por nadie.

En el libro cuenta muchas anécdotas, momentos difíciles que experimentó, como enfermedades que le arrancaron la vida a muchos de sus compañeros de viaje, y a personas anónimas que vivían en las aldeas que visitó y con quienes compartió según las circunstancias. Luego de terminar su lectura, pienso que la brújula que guio a nuestro protagonista, una vez llegó a Normandía, lejos ya de tormentas y fiebres tropicales, fue la necesidad de demostrar que el Nuevo Mundo no era esa fantasía de oro y de riquezas inagotables que los españoles habían creado. Tal vez mintieron por la vergüenza de admitir que habían regresado con las manos vacías. Galeotto Cey regresó pobre y no tuvo ningún reparo en confesarlo a través de esta obra maravillosa. Una verdadera joya. Por eso, mi invitación es para que todo el mundo lo lea. En las instituciones educativas y escuelas de Colombia deberían darle la importancia que se merece.

FUENTES Y REFERENCIAS

Galeotto Cey (2022). El desencanto del Nuevo Mundo. Viaje a las Indias 1539 - 1553. Título original Viaggio e relazione delle Indie, 1539 - 1553. Editorial Piélago Perpetuo. Bogotá, Colombia.




Comentarios

  1. VIEJO JUAN , QUIERO FELICITARTE SINCERAMENTE POR ESTE ESCRITO TAN ELOCUENTE Y DESCRIPTIVO, DONDE ME LLEVAS A CONOCER CIERTAS VERDADES QUE DESCONOCIA SOBRE LO QUE HICIERON LOS CONQUISTADORES EN SUS PERIPLOS POR NUESTRAS TIERRAS; TU MANERA DE ABORADAR ESTOS TEMAS ME CAUTIVA POR LA FORMA COMO LO NARRAS Y ASI TAMBIEN APRENDEMOS DE CIERTAS COSAS DESCONOCIDAS. SIEMPRE LOGRAS COMBINAR CON MAESTRIA (POR QUE PARA MI ERES UN MAESTRO EN ESTAS LIDES) LA PROFUNDIDAD DEL CONTENIDO CON UNA NARRATIVA CLARA Y ENVOLVENTE, LO CUAL ME INVITA A LA REFLEXION. ESCRITOS COMO EL TUYO ENRIQUECEN EL PENSAMIENTO Y ELEVAN EL ESPIRITU.
    FORTISIMO Y GRAN ABRAZO AMIGO DEL ALMA Y MUCHAS FELICITACIONES

    ResponderEliminar
  2. Gracias por darnos un recorrido histórico por un plato que a diario tenemos ahora será diferente disfrutar de este delicioso alimento en nuestra mesa

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Cuando el ajedrez era rojo y verde

Cuando una mariposa cambió el futuro para siempre