El ruido que aterrorizó a Santafé en el siglo XVII
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| Crédito: Getty Images. iStock photo |
Eran las diez de la noche de un domingo con el cielo muy despejado, lleno de estrellas, y seguramente estaría haciendo un frío tremendo, de esos que calan hasta los huesos. De repente comenzó a escucharse un ruido profundo y ensordecedor, que no venía de la calle sino que se originaba dentro de las casas. Parecía surgir de las profundidades de la tierra. Quienes hemos tenido la experiencia de un terremoto, podemos recordar el pánico que puede llegar a producir ese sonido. En el caso de Santafé, no ocurrió ningún movimiento sísmico. No se registraron daños materiales. Su duración fue de quince minutos, pero a ellos debió parecerles toda una eternidad.
El historiador colombiano Germán Mejía Pavony, indica que para finales del siglo XVII, la ciudad tenía unos 10.000 habitantes, entre indígenas, blancos, mestizos y negros esclavos. Además, su tamaño era lo que hoy corresponde al centro histórico de Bogotá. Ya han sido construidas iglesias importantes como la parroquia de las Nieves, la catedral, las iglesias de Santa Bárbara y San Victorino. Muchas ermitas de techo de paja y paredes de barro o madera, se han convertido en iglesias o están en proceso de construcción. Es Santafé la capital del Nuevo Reino de Granada en los tiempos de la Colonia española.
Empieza el ruido. La gente se despierta y lo primero que hace es asomarse a las ventanas. Al no observar nada extraño sale a la calle. Algunos desnudos y otros a medio vestir. Los que están en el norte se dirigen hacia el sur, y los del sur hacia el norte. Muchas personas corren como locas hacia los cerros. Unos a otros preguntándose ¿qué pasó? Pero nadie sabe nada.
La primera explicación que empieza a tomar forma, es que están siendo invadidos por un ejército entrando por los barrios del sur, donde al parecer, se oía con mayor intensidad. Quizás a alguien se le ocurrió decir, que lo que se escuchaba eran cañones disparándose y el golpe de los tambores de una banda de guerra que los acompañaba. El rumor, en menos de lo que canta un gallo, se difundió por toda la ciudad. De tal manera que, el propio Presidente de la Real Audiencia, don Gil de Cabrera y Dávalos, salió con sus criados y algunos hombres más que lo acompañaron, hacia el Barrio Santa Bárbara, a defender a la ciudad de la supuesta invasión. ¿Pero invadidos por quién? ¿Cómo? Muy pronto se dieron cuenta de que eso no estaba ocurriendo.
En medio del caos, del sinsentido de la gente en las calles, corriendo de un lado para otro, se observan mujeres y niños gritando con desesperación. A esto se unen los continuos aullidos de los perros, y como si fuera poco, se escucha el tañir lúgubre de las campanas, como si el mundo se fuera a acabar. En el imaginario de la población en general, surgió con fuerza la idea de que había llegado el final de los tiempos. El día del juicio final. O por lo menos, las señales indicaban que estaba cerca. El padre Ribero resumió muy bien la situación cuando escribió, "daba prisa el deseo natural de huir de la muerte".
Pero lo más alucinante que ocurrió fue un olor a azufre que se sintió en toda la ciudad. La gente entró en pánico, debido a la interpretación que se dio. Se trataba una legión de demonios que estaba volando por los aires de Santafé, con el propósito de llevarse a todos los pecadores al infierno. El padre Ribero basaba su argumento en que, el deán, un sacerdote de alto rango, al asomarse a la ventana para ver qué ocurría, había escuchado unas palabras muy perturbadoras que incitaban a lo pecaminoso, y que según él, solo el mismo Satanás podría haberlas pronunciado. Finalmente esta fue la teoría que triunfó. Todas las iglesias abrieron sus puertas y la gente corrió a refugiarse en ellas. En los sermones de las misas que se celebraron esa noche y muchos días después, la idea penetró con gran impacto en las mentes de los santafereños. Luego de quince minutos, inexplicablemente el ruido cesó. Todo volvió a la normalidad, y como es lógico, la gente quedó muy consternada durante mucho tiempo.
El padre Ribero cuenta que en los días siguientes, aumentó de manera considerable el número de personas confesándose. Se restituyeron haciendas que habían sido usurpadas. Fueron reparados los perjuicios provocados a la honra de muchas personas. Finalizaron enemistades envejecidas, dejando de lado tantos odios viscerales. Muchas amistades se fortalecieron. El perdón pululaba en Santafé, o para decirlo con un toque de sabrosura, el perdón andaba de baile en baile por toda la ciudad. También se repartieron muchas limosnas.
Todo lo anterior es fácil de comprender, pues, estaban dando cumplimiento al sentir popular, "si el mundo se va a acabar, que Dios nos coja confesados". Las personas hicieron cambios radicales en sus vidas. Se llenaron de buenos sentimientos. Dejaron de lado los odios y buscaron el perdón. Así alcanzarían la gloria en el más allá, quedando en paz con ese dios castigador, que después de la llegada de Colón, fue impuesto a sangre y fuego por el Imperio español en el sometimiento de sus colonias.
A partir de entonces, se estableció todos los 9 de marzo, la costumbre de exponer el Santísimo Sacramento en las iglesias. Iniciaba hacia el final de la tarde, esto es, entre las 5:30 p.m. y 6:00 p.m., hasta las diez de la noche. En este lapso de tiempo, se celebraban misas en todas las iglesias. La tradición duró alrededor de medio siglo. La historia se contó durante varias generaciones y el legado que nos dejó es la expresión tan conocida en Colombia, "en los tiempos del ruido", para explicar algo que sucedió hace muchos años.
FUENTES Y REFERENCIAS
- Javeriana Estéreo 91.9 FM Bogotá. En 1687, Bogotá fue sacudida por un sonido inexplicable que aterrorizó a sus habitantes ¿Qué pasó? [En línea]. Última consulta 26/02/2025. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Pnoi9QvzrF8
- ESPINOSA, A. (1994). Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. El ruido de Santafe, 9 de marzo de 1687, y sus posibles causas. [En línea]. Última consulta 26/02/2025. Disponible en: https://www.accefyn.com/revista/Vol_19/73/293-297.pdf

Que articulo más interesante! Logra transportar la mente hacia los 15 minutos del intenso ruido. Gracias !
ResponderEliminarEste escrito, cargado de realidades casi palpables, nos sumerge en los acontecimientos con una intensidad que trasciende las palabras. La forma en que se narran los hechos no solo describe, sino que nos transporta directamente a lo sucedido, haciéndonos sentir cada emoción y cada detalle como si fuéramos testigos presenciales. Su fuerza radica en la autenticidad con la que plasma la verdad, logrando que el lector no solo lea, sino que viva la historia.
ResponderEliminarQue gran historia Juan Carlos, la verdad que tu forma de escribir y expresar tus escritos llenos de suspenso y emoción, me llevo también a volar mi imaginación y vivir ese momento como si hubiera estado ahí presente.
ResponderEliminarExcelente me encantó!!
Excelente
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