Su majestad, el son cubano

En el año 2016 tuve la oportunidad de conducir Cátedra Antillana, un espacio en la emisora de la Universidad Surcolombiana, de donde soy orgullosamente egresado. La brújula del programa apuntaba a contar historias sobre la música del caribe, siempre ambientados con melodías acordes al tema de cada noche. Eso implicaba investigar no solo en publicaciones digitales, sino también en otras fuentes disponibles, como la Red Cultural del Banco de la República.

Fue un disfrute total. Al armar los textos y elegir la música que saldría en cada emisión, aprendía sobre la historia, los grandes protagonistas y descubría melodías que escuchaba por primera vez. Cuando se grababan, aprendí también detalles de la locución —las pausas, la respiración— siempre de la mano de los chicos encargados de la consola. Hoy traigo de regreso uno de los temas abordados en mi aventura como locutor y presentador radial. Con ustedes: su majestad, el son cubano.

Su origen se ubica hacia finales del siglo XIX, en la región oriental de Cuba, conocida como la Provincia de Oriente, en zonas y centros suburbanos de Baracoa, Guantánamo, Santiago y Manzanillo. El proceso surgió debido a la influencia de los esclavos africanos liberados, que llegaban poco a poco, después de su emancipación en la Isla La Española, conocida hoy en día como República Dominicana y Haití. Aquellos que sembraron la semilla, tenían conocimientos musicales, no solo de música africana sino también de música europea, adquiridos tras el brutal régimen al que fueron sometidos. Con el paso del tiempo, el ritmo fue ganando fuerza, y, hacia la segunda década del siglo XX, se consolidó en una expresión nacional.

Ejemplos de antiguos formatos soneros de carácter familiar son: la Bunga de Manzanillo, el Nengón y el Kiribá de Baracoa; y el Changüí de Guantánamo. De las tres modalidades, la única en desuso es la primera. Las demás constituyen hoy en día, formas aisladas de la expresión musical campesina de estas regiones.

En los primeros años del siglo XX, el son era un ritmo clandestino, no se ejecutaba en sitios públicos. Lo discriminaban porque se consideraba representante de las clases bajas. Fue muy rechazado por las clases media y alta, por ser la música típica de los pobres y negros.

Aquellos primeros sones, eran interpretados por instrumentos como la guitarra, el tres, el bongó, la botijuela —que después fue reemplazada por el bajo— claves y maracas. Poco a poco fue ganando reconocimiento, hasta llegar a los más refinados salones de baile y las casas editoras de discos comenzaron a grabar los temas.


La botijuela es un recipiente hecho de arcilla con una abertura en el cuello, una especie de ánfora más redonda, que se utilizaba para llevar la leche en Cuba. Tiene un agujero tallado en un lado, donde el músico colocaba su boca con el fin de producir un sonido de bajo, parecido al contrabajo.

Al iniciar la década de los años 20, con la llegada de la radio a Cuba, el son estalló como fenómeno musical, gracias a la gran difusión que logró; así comenzó su auge y popularización. Inicialmente surgió El Sexteto Habanero; poco después apareció El Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. La adición de la trompeta elevó a siete los integrantes de este conjunto, que aún existe, integrado por músicos de la cuarta generación. Piñeiro es el creador del tema Échale salsita, donde por primera vez se utilizó la palabra “salsa”, la cual, décadas después se convirtió en una marca comercial acuñada en Nueva York entre los años 60 y 70, por la industria musical para agrupar diversos ritmos caribeños.

A partir de la complejidad de son habanero, el rústico ritmo oriental, se diversificó y perfeccionó, en manos de músicos más experimentados, negros y mulatos de oficios humildes. Esa nueva sonoridad que conquistó las altas esferas de la sociedad, logró desplazar melodías foráneas de moda, y poco después, gracias a la industria del disco, empezó a trascender internacionalmente.

El son se extendió por el mundo a partir de dos extremos. Por el lado occidental, con la proyección Ignacio Piñeiro con su Septeto Habanero, quien contó entre sus éxitos numerosos premios, viajes, grabaciones y actuaciones en varias películas. Dos de sus más reconocidas composiciones son Échale Salsita y Suavecito. Por la parte oriental, a través de Miguel Matamoros, quien, junto con Siro Rodríguez y Rafael Cueto, creó la mítica agrupación Trío Matamoros en Santiago de Cuba. Uno de sus mayores éxitos fue Lágrimas Negras, y, por supuesto, el inolvidable Son de la loma. Tiempo después, el trío creció y se convirtió en el Septeto Matamoros.

En esta época surgieron otras agrupaciones soneras que, si bien no alcanzaron la importancia de las ya mencionadas, contribuyeron a la difusión del género. Entre ellas se cuentan los sextetos Boloña, Occidente, Jiguaní, Matancero, Típico Oriental, Apolo y Munamar. También aparecieron conjuntos como Ronda Lírica Oriental, Estudiantina Oriental y Estudiantina Sonora Matancera, que años después se convertiría en la célebre Orquesta Sonora Matancera.

En cuanto al baile, al principio causó un escándalo enorme, debido a que los cuerpos se pegaban, las piernas se entrelazaban y las mujeres movían sus caderas sensualmente. Con el paso del tiempo, se volvió muy popular y tuvo gran influencia. El son cubano alcanzó su máximo esplendor durante los años treinta.

En la década de los noventa, tuvo un reconocimiento mundial, gracias al documental y el CD de Buena Vista Social Club, en donde se dio a conocer muchos temas clásicos, a través de la participación de Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Elíades Ochoa, Omara Portuondo, Orlando “Cachaíto” Lopez, y Manuel “Puntillita” Licea, entre otros. Este combo de estrellas realizó dos conciertos memorables, uno en Nueva York y el otro en Ámsterdam.

Hoy en día, el son cubano sigue vivo a través de agrupaciones y músicos que lo interpretan en su forma más tradicional, manteniendo la esencia de la música y el baile que nació de la fusión de ritmos africanos y españoles. Conjuntos de gran reconocimiento internacional como Irakere, Los Van Van y Son 14, enfrentan un gran reto para mantener la vigencia del ritmo musical, combinándolo con otros sonidos y adaptándolo a los nuevos tiempos, sin perder nunca su tumbao y sabrosura que lo hace inmortal.

FUENTES Y REFERENCIAS

  • CUBA HORA. Una propuesta de ruta para el son cubano. 9 de mayo de 2021. [En línea]. Última consulta 27/08/2025. Disponible en:  https://cubahora.cu/cultura/una-propuesta-de-ruta-para-el-son-cubano
  • REPERTORIO AMERICANO. Antología histórica del son cubano. Copia digital del artículo elaborado por Olga Fernández publicado en el año 2021. Acceso en internet a través de Google Académico.


 

Comentarios

  1. Juan Carlos excelente reseña, éxitos...

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  2. Genial me encantó el artículo, felicitaciones Juancho

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  3. si muy interesante y también presentamos la "cátedra antillana" en el programa " Ecos de Hispanoamérica" de la Radio Libre de Stuttgart Alemania 99.2 FM

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  4. Un viaje a la Cuba fiestera y sabrosa, "AZUCAR".

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  5. Como siempre, todos tus zaguanes me encantan, llenos de historia y cosas que no conocía!!

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